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Biocombustible para aviones a partir de una palmera nativa argentina

La Universidad de Buenos Aires avanza en un proyecto para impulsar la plantación de una palmera autóctona y su aprovechamiento como biocombustible para aviones
Domingo, 28 Abril 2019
Fuente: 
AgroMeat

Según una información recogida en la publicación argentina ‘Chacra – la red del campo’, la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires – UBA (FAUBA) avanza en un proyecto para impulsar la plantación de la palmera Acrocomia totai en las provincias del Noreste argentino (NEA), cuyo fruto permitiría obtener 5.000 litros de aceite por hectárea, que se destinarían a la producción de biocombustible para aviones.

Además de generar empleo local, el proyecto busca alternativas para atender la creciente demanda de biocombustibles para aviones con una producción diversificada y respetuosa con el ambiente.

Nuevos cultivos, más allá de la soja y la palma

Tal y como explica el docente de la cátedra de Cultivos Industriales de la FAUBA, Diego Wassner, para los próximos años se espera un aumento exponencial del consumo de biocombustibles para aviación, que superaría ampliamente la producción actual de aceite. “Por eso, sería importante desarrollar nuevos cultivos, más allá de la soja y la palma africana, que permitan ampliar la oferta, a partir de recursos locales”, afirma Wassner.

Los datos apuntados por la FAUBA señalan que para cumplir los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, las compañías aéreas deberían utilizar para 2050, cerca de 400 millones de toneladas anuales de aceite a nivel global, con las cuales se fabricaría el biocombustible para aviones, denominado Biojet.

«Argentina es el principal exportador mundial de biodiésel, pero la producción de materia prima a partir de la soja es insuficiente. Si se suman todos los aceites que se producen en el mundo, llegamos a unos 200 millones de toneladas, una cifra que sigue siendo lejana a los 400 millones que demandaría la aviación. Por eso pensamos que laAcrocomia podía ser una alternativa interesante por su enorme potencial aceitero«, comenta el investigador.

Participación de Brasil y Paraguay

Como se trata de un proyecto regional, aunque parte de Argentina, implica también a Brasil y Paraguay, donde se está trabajando con esta palmera con buenos resultados. «En Argentina, donde no contamos con montes densos con esta palmera, se deberían empezar a generar condiciones que promuevan el desarrollo del cultivo”, manifiesta Wassner.

Recientemente se determinó que la palmera presente en Argentina y Paraguay es una especie diferente a la que se está cultivando en Brasil. «Si bien ambas están muy relacionadas en cuanto a su genética, contamos con un recurso que poseería una tolerancia más alta al frío y con algunas características diferentes a las encontradas en Brasil. Por eso resulta necesario realizar un proceso de domesticación específico para esta especie y en nuestras condiciones agroecológicas», sostiene el docente.

Fruto de la palmera Acrocomia totai

El profesor Wassner narra la secuencia temporal del proceso de investigación seguido hasta la fecha: «en estos cinco años de trabajo recorrimos las provincias de Corrientes, Misiones, Chaco y Formosa buscando diferentes genotipos, y analizamos las características de sus frutos en cuanto a peso y proporción de pulpa y semillas, y también la concentración y composición de sus aceites. Con esta información vamos a empezar a cultivar aquellas plantas que nos interesan por la calidad de sus frutos. También haríamos una selección por su rendimiento, una vez que las plantas comiencen su etapa productiva».

En relación a otras especies vegetales y su cultivo para el mismo fin, el docente explica que para crear nuevas plantaciones de la palma africana Eleais guineensis, que hoy compite con la producción de aceite fabricado a partir de la soja, se están deforestando las selvas tropicales. En cambio, la palmera Acrocomia totai, que se puede plantar en zonas subtropicales, podría incorporarse a la producción de sistemas silvopastoriles. Esto ayudaría a revertir el proceso de desmonte y mejorar la situación económica en pequeñas explotaciones familiares.

«Además, es un cultivo que demanda una mayor mano de obra respecto de otras actividades productivas (en la cosecha y durante su etapa industrial), con lo cual podría haber un impacto social positivo para el NEA, con un mayor arraigo rural», concluye Wassner.

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